Alfred Hitchcock: Maestro del arte cinematográfico

Escrito por Gustavo Arturo de Alba on Abr 29th, 2007 y archivado en Biofilmografias, Cine Norteamericano, Directores, Terror. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

“Hay dos clases de directores: los que tienen en cuenta al público cuando piensan y realizan sus películas y los que prescinden de él. Para los primeros, el cineHitchcock es un arte del espectáculo; para los segundos, una aventura individual. No es cuestión de preferir a éstos a aquellos; es un hecho. Para Hitchcock como para Renoir, y además para casi todos los cineastas americanos, una película no es perfecta si no logra el éxito, es decir, si no atrae al público en el que se ha estado pensando desde el momento mismo en que se ha elegido el argumento hasta que se ha terminado su realización. Mientras que Bresson, Tati, Rosellini y Nicholas Ray ruedan ‘a su modo’las películas y solicitan después al público que ‘entre en su juego’, Renoir, Clouzot, Hitchcock y Hawks hacen sus filmes para el público, y se hacen preguntas continuamente para estar seguro de que va a interesarles a sus futuros espectadores”.

La extensa cita es la introducción de Francois Truffaut a su crítica a la “La Ventana Indiscreta” (The rear window), publicada en la revista “Cahieres du Cinema” en 1954 y recopilada en su libro “Las Películas de mi Vida” y la misma nos enfrenta a una clásica discusión en torno a Hitchcock, y que en forma simplista podemos reducir a si debe tomarse en serio la obra de un cineasta, que en apariencia, sólo hace cine de entretenimiento, sin meterse en los vericuetos de los trascendentes “mensajes”, que son tan del gusto de los críticos pomposos, tan preocupados siempre por lo que se dice y no por el como se dice, indicando con ello que no consideran al cine como un arte autónomo, el cual hay que saber ver y no reducirlo a otros artes, como comúnmente sucede con ellos que lo consideran un apéndice de la novela o el drama.

Lo cierto es que mas allá de querellas entre supuestos conocedores del cine, es indudable que Alfred Hitchcock supo llegarle al público y convertirse en uno de sus favoritos, al grado de que se atrevía a anunciar sus filmes llevando por delante su nombre, por encima de las “estrellas”, que supuestamente, según los cánones del medio, son las que venden o llevan al público a la taquilla, por lo menos antes de que se popularizara la teoría del “cine de autor”, llevando hasta la nausea la presunción de presentar a las cintas como “Un filme de…”, cuando la verdad muchos de esos directores no tienen un ápice de ideas propias, como para ostentarse como “autores”.

Por encima de muchos otros realizadores, siempre me viene a la memoria que junto con John Ford, Alfred Hitchcock fue el otro director al que comencé a identificar como tal y buscar sus películas por ellos, sin fijarme en el reparto, pues ya en los años cincuenta era muy común escuchar es una película de Hitchcock y ahí iba uno a ver, una y otra vez, “Pacto Siniestro” Hitchcock(Strangers on the train), “La Ventana Indiscreta”, “Con M de Muerte” (Dial M for Murder), “Para atrapar al ladrón” (To match a tief); “De entre los muertos” (Vertigo), “Intriga Internacional” (North by northwest) y “En manos del Destino” (The man who knew too much), que fueron las mas populares de esa época y las cuales pesque desde su estreno y poco a poco fui cubriendo las asignaturas pendientes, gracias a reestrenos o semanas, como una que hubo en el Cine Encanto, a principios de los años sesenta, con una serie de cintas producidas por David O’Selznick, en las cuales se incluyó “Rebeca” (Rebecca); ” Cuéntame tu vida” (Spellbound), “Tuyo es mi corazón” (Notorius); “La Sospecha” )Suspicion); y “Agonía de amor” (The Paradine case) o bien ya en los años setenta y ochenta, con el gran reciclaje de sus cintas, por la televisión, y con la ayuda de la Cineteca Nacional, así como la popularización de los videos, me resulta posible decir que de sus 46 cintas sonoras, realizadas entre 1929 y 1976 en que se estrena su última: “Trama Macabra” (Family Plot), he visto 35 de ellas, estando varias entre mi selección arbitraria de mis películas favoritas y Hitchcock como uno de los veinte mejores directores del cinema mundial.

“El Hombre que Sabía Demasiado” (The Man Who Knew Too Much, 1934) y su remake “En Manos del Destino”, son dos de las que podemos considerar como de sus obras maestras o que decir de “Intriga Internacional” con Cary Grant huyendo por toda la Unión Americana buscando al inexistente George Kaplan, para probar su inocencia. “La Ventana Indiscreta” es otra de las clásicas, al igual de “De Entre los Muertos”, con todo y su sobrevaloración resulta agradable el volver a verla, pues si algo tiene el cine de Hitchcock, es que a pesar de conocer el desenlace, a pesar de tratarse de cintas en que el suspenso es primordial, la maestría en la forma de narrar sus historias, nos vuelve a atrapar la trama, en cada nueva visión que hacemos de ellas, o, simplemente nos provoca un enorme placer el ir descubriendo y aprendiendo la técnica de Hitchcock, con su gran sentido para poner la cámara en el lugar indicado y el saber realizar una edición impecable, con la cual va estableciendo sus contrapuntos.

A propósito de que es el “mago del suspenso”, Francois Truffaut en su libro-entrevista “El Cine de Hitchcock” le hace la pregunta: “Quisiera que precisara la distinción entre suspenso y sorpresa”. La respuesta del director fue la siguiente: “La diferencia entre el suspenso y la sorpresa es muy simple y habló de ella a menudo. Sin embargo, en las películas Hitchcock (Estampilla)frecuentemente existe una confusión entre ambas nociones. Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de esta mesa y nuestra conversación es muy anodina, no sucede nada especial y de repente: bum, explosión. El público queda sorprendido, pero antes de estarlo se le ha mostrado una escena completamente anodina, desprovista de interés. Examinemos ahora el suspenso. La bomba está debajo de la mesa y el público sabe, probablemente porque ha visto que el anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y sabe que es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa en la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: ‘No deberías contar cosas tan banales; hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a estallar’. En el primer caso se le han ofrecido al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso le hemos ofrecido quince minutos de suspenso”.

Algo que muy graficamente sucede, por mencionar sólo una, en la cinta “En manos del Destino”, cuando estamos en el concierto y sabemos que en el momento en que se escuchen los címbalos se producirá el atentado contra el Primer Ministro y compartimos la desesperación de Doris Day, por localizar al asesino y tratar de impedir el asesinato.

Por otra parte en esta época en que el cine muestra todo, cuando películas como “Bajos Instintos”, “Obsesión”; “Jade” y otras no dejan nada a la imaginación en cuanto a escenas de sexo, resulta muy estimulante recordar el cine de Hitchcock, con su alta carga de erotismo, sin necesidad de desnudar a sus actores. Baste sólo recordar la célebre escena de amor entre Cary Grant e Ingrid Bergman en “Tuyo es mi corazón”, la cual dura 3 minutos y ninguno de los besos se prolonga más de los 3 segundos reglamentarios que señalaba la censura de la época para los besos, pero a base de jugar con el hilo del teléfono y con los actores jugueteando y conversando, al tiempo que se mordisquean, uno a otro, sus orejas y se estén haciendo “ñañaras”, la escena terminó por pasar a la historia del cine como una de las mas eróticas. Digna de recordar es igualmente la sugerente escena entre Cary Grant y Grace Kelly en “Para Atrapar al Ladrón”, con ellos dos besuqueándose y la cámara realiza un pequeño giro, para mostrarnos el estallido de los fuegos artificiales…

En rigor toda la obra de Hitchcock, el cual no hay que olvidar es católico y educado por jesuitas, está impregnada de un erotismo reprimido cuya contención la usa muy adecuadamente, para provocar un mayor interés y excitación en el público, porque como señalábamos al principio algo que nunca se le olvidaba al director es que estaba haciendo filmes para ser vistos y disfrutados, antes que ser analizados al extremo por los críticos; aunque esto al final de cuentas fue otro de los resultados que arrojó su maestría para realizar obras maestras de entretenimiento, de cine puro de este gran cineasta que naciera el 13 de agosto de 1899 en Londres, Inglaterra y murió el 29 de abril de 1980 en Bel Air, California. Hijo de un comerciante de aves, al por mayor, de religión católica, por lo hitchcock4.jpgcual fue educado en un colegio jesuita. Este dato tiene una gran importancia, en la carrera de Hitchcock, pues gran parte de su obra fue influenciada por el concepto de la culpa, en el sentido católico de ella, así como el del sufrimiento y el pago de la misma. Situación que se hace explicita de manera obvia en “Mi secreto me condena” (I confess, 1952), en la cual el sacerdote católico (Montgomery Clift) es acusado de haber cometido un asesinato y él no puede defenderse, porque el asesino se lo ha confesado y su investidura religiosa, le prohíbe revelar un secreto de confesión. Aquí también encontramos el subtema hitchockiano de la transferencia de la culpa y del falso culpable, que es otra de sus constantes.

Alfred Hitchcock ingresó al cine en 1920 como dibujante de títulos. Al poco tiempo fue jefe de la sección en la productora norteamericana Famous-Players-Lasky, en su filial en Londres y cuando en 1922, el realizador del film “Always tell your wife”, cae enfermo. Hitchcock temina la película. Ese mismo año inicia “Number Thirteen”, producida por él mismo, pero nunca la llegó a terminar. Su real debut de director lo hace en 1925 con “The Plausure Garden”, con la cual obtuvo un gran éxito de público, que le permitió seguir la carrera de realizador llegando a dirigir 56 cintas.

La obra de Hitchcock se suele dividir en dos períodos; el inglés, que va de 1925, hasta 1939 con “La Posada Maldita” (Jamaica Inn) y su período norteamericano o hollywoodense, iniciado en 1940 con “Rebeca” (Rebecca) hasta “Trama macabra” (Family Plot) en 1975.

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